Mi dulce Roni by Moruena Estríngana

Mi dulce Roni by Moruena Estríngana

autor:Moruena Estríngana
La lengua: spa
Format: epub
editor: Click Ediciones
publicado: 2021-01-29T09:20:28+00:00


Capítulo 17

Roni

La semana pasa y los comentarios no cesan.

Ianira está cada vez más insoportable y la profesora de quinto se ha cogido la baja por todo esto.

Yo ya he dejado caer el rumor con Ada, la recién descubierta cotilla, de que sé quién es y que no se trata de la profesora de quinto. Esto provoca que las miradas se centren en un profesor que tiene rasgos femeninos. Hasta se han inventado que siempre hace pis sentado y que puede ser por miedo a que los otros profesores descubran que no tiene pene.

Me parece lamentable todo esto.

Dar clases se me hace cuesta arriba.

Ewan está centrado en el trabajo, pero cada noche se pasa por mi casa para ver cómo estoy. Verlo todos los días no ayuda a que lo olvide y más ahora que ya no existe una Ianira en su vida.

Sé que ahora lo nuestro no puede ser por muchos motivos. Uno de ellos es que él no me eligió a mí. Yo sería el descarte o esa persona a la que conoces y la tienes en tu vida porque te da miedo arriesgarte, perder de nuevo.

Acabo las clases y Ada entra para buscarme.

—Ahora entiendo por qué sabías a ciencia cierta que no era la profesora de quinto.

La miro a los ojos y veo algo raro en ellos al mirarme. Entre asco e incomprensión.

—¿Por qué? —pregunto aun sabiendo la respuesta.

—Porque eres tú. —Saca el móvil y muestra una foto mía de niño—. La verdad es que pensaba que éramos amigas y lo sabía todo de ti. Algo así no se esconde, Roni.

Observo mi foto de niño: en ella sonrío feliz, ajeno a toda la gente que me quería destrozar la vida, en vez de ponerse por un segundo en mi piel.

Tomo aire y miro a Ada.

—Nací mujer. No tengo que ir explicando a todo el mundo lo que tuve que hacer para que mi cuerpo acompañara a mi alma. Siempre he sido y seré Roni, una mujer completa.

—Ya, bueno, pero esto es raro.

—¿Por? Tú te querías operar el pecho. Yo también me operé.

—Ya, pero no es lo mismo…

—No, ya nada será lo mismo —digo con tristeza refiriéndome a nosotras.

Ada se marcha, seguramente a cotillear sobre esto.

Me pongo tensa por lo que pueda acarrear este tema, pero me doy cuenta de que ya no me hacen daño los insultos ni las miradas de asco y curiosidad.

Salgo de la clase y, como ya esperaba, quien lo sabe me mira y cuchichea. La gente ahora trata de ponerme otra cara, de verme como si fuera un hombre, sin importar que hasta ahora ni se les pasaba por la cabeza que lo fuera.

—Hoy en día ya no te puedes fiar de nada —comenta un profesor pensando que no lo escucho.

Llego a la puerta sabiendo que se inicia un nuevo cambio en mi vida y eso sí me preocupa. Cuando Ianira buscó mi foto y dejó caer la bomba sabía que algo gordo pasaría.

Entro en el coche al mismo tiempo que alguien toca mi ventanilla.



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